martes, 12 de junio de 2012

Loca

"Es más que nada sexo" me dijo mi mamá, la primera y única vez hasta ahora que me han roto el corazón. "A nosotras el amor nos llega por la entrepierna, me contaba tu abuela. Una cree que puede dar el cuerpo sin entregar el corazón pero estamos equivocadas... ya después una se entera y sufre las consecuencias." Pensé entonces en las veces que le entregué mi cuerpo a otros sin amor y sin placer, motivada por venganza o por soledad. ¿Cómo explicarían ellas eso? Quizás no soy de la familia. Siempre lo sospeché. No cuento con esa belleza gitana de mi madre o el cerebro ambiguo de mi abuela. Seguro una enfermera se equivocó al recoger el bebé de la cuna "Mira nada más esta ratita blanca que no tiene pulsera de identificación y se confunde con esta otra preciosura morena" diría, al tiempo que carga a la ratita en brazos para llevársela a mi madre. "Estás bien loca" concluía ella cuando le contaba la historia.

Así loca nací, con propensión al drama, tendencia a la melancolía y adicción a las mentiras. ¿Qué le vamos hacer si a eso estoy acostumbrada? Aunque 21 años viviendo conmigo y todavía no reconozco el reflejo que me devuelve el espejo. A veces sí soy, a veces no. A veces me creo que estoy loca, a veces pienso que me hace falta cafeína.

Pero sí tienen razón. Entregué mi cuerpo la primera vez y el alma se me escapó en algún gemido. Ya no quiso regresar, se quedó allá con él. Y pienso que allá se quedará por mucho tiempo. No importa, puedo vivir sin ella. Al menos por ahora no la necesito porque hay que ver como hay hombres tarados en este mundo y yo tan de esas que los atraen como abejitas. Lo poco que tengo de miel se me escurre por la boca cuando miento. Miento mucho. Pero juro por algún ser supremo que ande de moda en estos rumbos, que son cosas que no puedo evitar. Me viene de familia ser encantadora. Es mi parte masculina egoísta que lo quiere todo para mi. Pero que cosas que cuando una lo tiene ya no lo quiere. Así, bien niña caprichosa.

Pero yo a él si lo quería, y lo deseaba mucho, con cada molécula de mi cuerpo y mi deficiencia mental. Lo quería más que a cualquier cosa y más que a cualquier otro que quiera en adelante. Así es como el primer amor viene a quebrar tu vida, a reestructurarla, a darle sentido a una cosa y a quitárselo en otra. 
No es así en las películas. ¿No habrá un manual que te diga como lidiar con tanto amor?
A veces hubiera querido abrirme el pecho y arrancarme todo lo que tenía dentro para ver si así dejaba de sentirlo. Pero no estoy tan loca. Y el dolor... uy, el dolor. 

"Tengo tu aroma en mis manos" me confesó él un día. "Me he bañado varias veces desde la última vez que te vi pero sigo oliéndote en todo mi cuerpo". Y lo entendí perfectamente, lo sigo entendiendo, porque desde el primer momento en que me tocó dejó cicatrices detrás de cada roce. Estaba yo tatuada de una tinta invisible    con su aroma y que se prendía en llamas con la mano de otro... no es que sea yo la diosa sexual. Me quedé en algún punto de niña mimada y condesa de barrio. Se me fue de las manos la necesidad de encontrarlo en otros cuerpos. Como si eso fuera a compensar de alguna forma el vacío que había dejado cuando se marchó. Porque él se había ido mucho antes de que su cuerpo lo acompañara. 

Aunque bueno, sobreviví al primero jurando solemnemente que en el próximo amor sería más cautelosa. Pero ahí voy a a enamorarme otra vez en uno de esos accidentes donde piensas en un nombre lo pones en el buscador de facebook y te aparece un tipo con perros diabólicos y monstruos de tinta negra. 

Todo me sale al revés, no te digo. Estoy bien loca.

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